Cocomir

Cocomir sabe también que sólo a través de la perfección de la forma en cuanto obra de arte servida por un oficio personalizado y difícil, puede tener validez de documento conmovedor y la radiografía plástica.

Su vida

Nacido en Talarn (España) en 1931, la inquieta personalidad de Cocomir le ha llevado a residir en Brasil, Japón, Timor, Italia, Londres y la Costa Brava, donde ha fijado su residencia actual.

De formación arquitecto, Cocomir decide abandonar una brillante y prometedora carrera, iniciada en el estudio de Oscar Niemayer para dedicarse a proyectos de desarrollo de la FAO en Mauritania, Malí, Senegal y Chad.

Después de dos años de reflexión, decide abandonar la arquitectura, para dedicarse completamente a la escultura. Se traslada a Londres, ya que es allí donde están Henry Moore, Barbara Hepworth y los minimalistas.

En 1969 construye un estudio en la Costa Brava y se rodea de maestros artesanos, una constante que se va a repetir a partir de entonces en su carrera. Esa pasión le lleva a experimentar también con vidrio en Murano, plata en Vicenza, cerámica en Bassano, alabastro en Volterra, y mármol en Carrara. De vuelta a la Costa Brava, Cocomir miniaturiza sus esculturas y las transforma en objetos llevables realizados en plata. Convierte sus relieves en espejos; sus estudios formales en bastones, en cerámicas; en mueble de artista. Simplifica el lenguaje y lo hace más comprensible.

Su incansable labor de creador, que continúa hasta el día de hoy, le ha llevado a ejecutar también modelos para diversas empresas: joyas para Bayanihan, bastones para Loewe, cerámicas, resinas, etc.

Su obra

“Este gran artista que es Cocomir sabe también que sólo a través de la perfección de la forma en cuanto obra de arte servida por un oficio personalizado y difícil, puede tener validez de documento conmovedor y la radiografía plástica. Un arte terso, exacto, sometido norma y número, pero sin que éste sea demasiado visible, sino que se envuelva en morbideces y curvaturas orgánicas y hasta que el aire palpite acurrucado en un hueco o se hermane en sus súbitos quiebros con nuestra posible ansiedad, ese arte es, visto en abstracto, tan documento ni más ni menos, como el que carece de esa última posibilidad de comunicación inefable, pero nos exigirá al mismo tiempo que colaboremos con el autor de una manera mucho más profunda que ensamblando y desensamblando piezas y será así mucho más veraz en sus últimas implicaciones. Esa veracidad última la pondremos los espectadores, pero sólo podremos hacerlo cuando el autor, tal como acaece en este caso paradigmático de Cocomir, ha conformado las piezas de manera que con su propia perfección y su propia autenticidad son capaces de conmover, no tan solo la sensibilidad de nuestra piel, sino también los surcos más profundos de nuestra inteligencia y de nuestro amor.”

Por Carlos Arean.

Arte funerario

La escultura funeraria es la primera manifestación en escultura.

El animismo está unido permanentemente a la evolución del hombre y el culto a los muertos a la más poderosa y antigua voluntad de trascender.

Desde siempre los grandes escultores han hecho escultura funeraria que frecuentemente ha sido más relevante que su razón de ser.

No podría ser de otra manera para Cocomir que seguir la tradición tanto por voluntad propia como por convencimiento de que la muerte es la razón de la vida, de ahora y de siempre.

Por ello, las urnas de Cocomir.

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