Leopoldo Irriguible

Irriguible pinta las ideas; pinta la idea donde confluyen los opuestos; donde las oposiciones de substancia y forma, caos y orden, pintura y dibujo, movimiento y estabilidad, armonizan su diferencia y comparten un lugar, real e ideal, en la superficie de la tela y en la imaginación de quien los contempla.

Aquel lugar donde el deseo de ordenar el caos y de perturbar el orden concurren en el espacio perfecto de la simultaneidad.

Lista de urnas de  Leopoldo Irriguible

El hombre necesita sostener su cuerpo en la tierra, en el suelo, pero su espíritu se mantiene en el cosmos.

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Algunos libros, relatan historias, otros son de ficción, también los hay de poesía... y, algunos, contienen la vida de un hombre.

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Su vida


Nace en Zaragoza en 1946, donde reside hasta 1970.


Tras unos inicios figurativos, evoluciona en los años 1960 hacia la abstracción, influenciado por el pop.


A partir de 1971, desarrolla un lenguaje propio caracterizado por las estructuras geométricas.


En 1974 se traslada a la isla de Ibiza, donde reside hasta el 2007.


Esa época, Leopoldo Irriguible crea sus primeros montajes, a veces al aire libre, en playas o calles.


Becado por la Fundació March, reside en París a finales de los setenta.


A lo largo de su carrera, ha realizado más de 130 exposiciones, en España, Estados Unidos, Italia, Francia, Suiza, Alemania, Australia y Tailandia.


Su obra



“Irriguible pinta las ideas; pinta la idea donde confluyen los opuestos; donde las oposiciones de substancia y forma, caos y orden, pintura y dibujo, movimiento y estabilidad, armonizan su diferencia y comparten un lugar, real e ideal, en la superficie de la tela y en la imaginación de quien los contempla. Aquel lugar donde el deseo de ordenar el caos y de perturbar el orden concurren en el espacio perfecto de la simultaneidad.”


Antoni Marí (de la introducción al catálogo Irriguible. La geometría del caos, 1993).





Arte funerario


En el libro "Del inconveniente de haber nacido", E. Cioran, con evidente ironía, desdramatiza la muerte (acompañada de hechos tristes y penosos) tanto en cuanto ella es consecuencia irrebatible del nacimiento.


La afirmación de Ortega y Gasset (hace un siglo) “yo soy yo y mis circunstancias” evidencia que una persona no es un ente por sí mismo.


Y ante el suceso de la muerte es igual.


La desaparición de un ser humano conlleva dejar las “circunstancias” : el motivo de la defunción, pero, sobre todo, los familiares, amigos, casa, libros, decenas de objetos que formaron parte de nuestra vida.


Casi todo ello sigue existiendo.


Sea cual sea la religión que profesemos, incluso el agnosticismo, la muerte es el vacío y el silencio.


Personalmente, yo, en mi testamento vital, he elegido la cremación, ya que considero que en mis cenizas, algo eterno, permanecerá parte de mí y del contexto y modo en que se desarrolló mi vida.


No sé por qué, pero deseo que mi incineración sea siete días después de mi defunción.


A posteriori, seguro que mis seres queridos aciertan el destino de mis cenizas.




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