Los viajes de Sullivan

Publicado Por: Hola Doro En: Sub Category 1 En: miércoles, octubre 19, 2016 Comentario: 0 Golpear: 4836

Preston Sturges dirigió en 1941 esta película, Los viajes de Sullivan, una más de entre las divertidas e inteligentes creaciones filmográficas del maestro norteamericano. 

Preston Sturges dirigió en 1941 esta película, Los viajes de Sullivan, una más de entre las divertidas e inteligentes creaciones filmográficas del maestro norteamericano. La cinta narra la historia de un exitoso director de cine que, hastiado de rodar bajo los felices patrones de Hollywood (amor y riqueza), decide hacer una película social. Para ello, dándose cuenta de que nada sabe acerca de las desgracias humanas, se disfraza de vagabundo y comienza a recorrer, acompañado por la bellísima Veronica Lake (the girl), los mundos de la pobreza, de los que regresa a su mansión y comodísima vida cuando le place.

Dando por finalizada esa experiencia, se permite una última noche entre los pobres, en que irá repartiendo mil dólares en billetes de cinco, como muestra de agradecimiento por las lecciones aprendidas (muy pocas, en realidad). Pero el destino le tiene reservada, precisamente, una auténtica lección, que incluye ser víctima y testigo de propia muerte: un vagabundo le atraca y, tras golpearle, le deja en un tren con destino desconocido. Cuando despierta, las cosas se complican aún más, y acaba condenado a seis años de trabajos forzados. Mientras, el vagabundo que le atracó muere alcanzado por un tren, en posesión de los zapatos de Sullivan y un montón de billetes de cinco dólares, por lo que es identificado como el millonario director de cine. Sullivan se entera de su fallecimiento por los periódicos, si bien nadie le cree. Hasta que se le ocurre inculparse como su propio asesino, la prensa saca su fotografía en portada y es felizmente rescatado a su antigua vida, habiendo, esta vez sí, aprendido una deseada lección.

Particularmente, siento una gran admiración por las películas de Sturges, comedias en apariencia sencillas, en realidad perfectas (como las del genio Lubitsch, que aparece mencionado en la cinta). Bellas puestas en escena que se sirven de un elegante cinismo para abrir el abanico de las eternas vanidades humanas, universales e inmortales. Recomiendo, pues, cualquiera de sus títulos (Las tres noches de Eva y Navidades en julio han sido recientemente editadas en España), de inolvidables diálogos, testimonios de un Hollywood dorado.

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